Autoría: Miriam Valdez
Si alguien nos preguntara ¿Qué eres? La respuesta sería: Soy abogada, médico, profesor…etc. Respondemos así, porque mostramos tal apego al título que nos avala para la práctica laboral, que olvidamos que somos seres humanos creados por Dios con libre albedrío.Es evidente, entonces, que confundimos la profesión u oficio con lo que, en realidad, somos: seres humanos trascendentes.La esencia del ser es relativa, si nos referimos al oficio o profesión que desempeñamos y de acuerdo al contexto cultural donde nos ubicamos en el marco gegráfico.
Por otro lado, ¿qué me dicen de las firmas que debemos plasmar en los documentos formales y no formales, oficiales o no? A veces, si no nos colocan al lado del nombre el título que ostentamos, somos capaces, en extremo, de no firmar, pues nos parece que nos hace menos personas si no exhibimos el Lic., Dra. o el M.A.
La esencia del “ser” es la persona, no el título. Este es el personaje, que nos impide la autenticidad en las diferentes situaciones de la vida. Un título es como el traje o vestido que llevamos puesto para una ocasión determinada. El ser persona es inherente al ser humano, siempre estará presente y nos acompañará aún después de trascender a otra dimensión del cosmos. Se recordará a la persona, no al título.
También pasa algo similar con los cargos que ocupamos; estos nos llevan a confundir lo que hacemos con lo que somos.Somos más que un título o un puesto en nuestro centro laboral. La esencia del ser va más allá de lo banal, de lo superfluo. Trascendemos por lo que somos y hacemos a favor de nuestros congéneres, no por el título que exhibimos al lado del nombre o por la vestimenta que mostramos en nuestro cuerpo. Ser… es algo más…ser es la persona.
sábado, 18 de diciembre de 2010
Aprende a ser tú mismo
Ser uno mismo es poder sonreírle a la vida con plena alegría y así sentir en uno mismo la fuerza del espíritu en sí mismo. Ser uno mismo es mantenerse en acción constante en la vida y poder manejar con sabiduría el hecho de Ser. Así, de manera sutil y en plena conciencia, se va desarrollando un Ser que, en forma armónica, se logra identificar con el todo y llega a darse cuenta que Dios sí existe.
Si quieres llegar a Ser, “conócete a ti mismo” y así podrás conocer a Dios. “Sé tú mismo”, y ya eso basta para estar en calma, en armonía y en plena salud corporal y espiritual. Para sentirse bien, es necesario tomar acciones positivas en la vida y vivir… a plenitud contigo mismo, con tu prójimo y con la naturaleza; usa la debida acción para poner en movimiento tu vida, pues por medio de la debida acción y la necesaria sabiduría puedes llegar a lo espiritual, es decir a Ser.
Date cuenta que para vivir y sentir la vida, es necesario derramar AMOR y no egoísmo y mezquindad en tu entorno… brinda paz y armonía que es lo que se necesita para lograr vivir y sentir la vida.
El amor nos brinda las herramientas que nos permiten alcanzar todo en buena lid y así de esa manera calmar la fuerza y el dominio que nuestro Ego nos impone en el día a día. Así pues, para encontrar la unidad y poder comulgar a plenitud con la vida hay que AMAR. Llegar a tu esencia, es decir a tu alma y sentirte a ti mismo pleno de la belleza y de la armonía que nos brinda el amor.
Amar se aprende amando, para amar basta querer amar, para amar basta encontrase a uno mismo, es decir Ser. Para aprender amar hay que sentir las ganas de amar. Sí, llegar a amarte a ti mismo, a tu prójimo, a la vida y a la naturaleza es integrase en el todo, en el espacio y en el tiempo, por medio del AMOR y así lograr la unidad del SER, pero amando a Dios. Así aprenderás, que para amar, hay que aprender amando... hay que aprender a SER.
Autora: Miriam Valdez
viernes, 17 de diciembre de 2010
Kinésica
La kinésica o quinésica estudia el significado expresivo, apelativo o comunicativo de los movimientos corporales y de los gestos aprendidos o somatogénicos, no orales, de percepción visual, auditiva o táctil, solos o en relación con la estructura lingüística y paralingüística y con la situación comunicativa. También es conocida con el nombre de comportamiento kinésico o lenguaje corporal.
También puede definirse como el término amplio usado para las formas de comunicación en los que se intervienen movimientos corporales y gestos, en vez de (o además de) los sonidos, el lenguaje verbal u otras formas de comunicación.Junto con la proxémica y la paralingüística, forma parte de los tres aspectos más sobresalientes de la comunicación no verbal.
Los movimientos corporales que aportan significados especiales a la palabra oral, durante un evento comunicativo, a veces pueden tener una intención o no tenerla. Estos movimientos son estudiados por la kinésica o quinésica.
A veces usamos un texto en lugar de una palabra o de un enunciado o dibujamos algo con las manos para complementar lo que decimos oralmente. Por ejemplo, hacemos con los dedos indice y del corazón de las dos manos la señal de lo que decimos va entre comillas. Por ejemplo: para indicar que llego tarde le damos golpecitos al reloj.
Pertenece a la categoría de los paralenguajes, que describen todas las formas de comunicación humana no verbal. Esto incluye los movimientos más sutiles e inconscientes, incluyendo el guiño y los movimientos leves de cejas. Además, el lenguaje corporal puede incluir la utilización de expresiones faciales y postura.
El paralenguaje (incluyendo el lenguaje del cuerpo) ha sido extensamente estudiado en psicología social. En el discurso diario y la psicología popular, el término suele aplicarse al lenguaje corporal considerado involuntario, aunque la diferencia entre lo considerado lenguaje corporal voluntario e involuntario suele ser controvertida. Por ejemplo, una sonrisa puede ser provocada consciente o inconscientemente.
La postura corporal
La postura del cuerpo o sus partes en relación con un sistema de referencia, ya sea la orientación de un elemento del cuerpo con otro elemento o con el cuerpo en su conjunto, o bien su relación con otra persona. En este apartado se distinguen las posiciones corporales abiertas y las cerradas. Una posición abierta es aquella que implica la no separación de un interlocutor de otro mediante brazos y piernas. La cerrada, por el contrario, es la que implica la utilización de piernas y brazos para proteger el cuerpo o para servir de barrera para que el otro individuo se introduzca en una interacción que se mantiene. Por ejemplo, cruzar los brazos, sentarse para hablar con alguien, etc.
Los gestos
Un gesto es una forma de comunicación no verbal ejecutada con alguna parte del cuerpo, y producida por el movimiento de las articulaciones y músculos de brazos, manos y cabeza.
El lenguaje de los gestos permite expresar una variedad de sensaciones y pensamientos, desde desprecio y hostilidad hasta aprobación y afecto. Prácticamente todas las personas utilizan gestos y el lenguaje corporal en adición de palabras cuando hablan. Existen grupos étnicos y ciertos lenguajes de comunicación que utilizan muchos más gestos que la media.
Ciertos tipos de gestos pueden ser considerados culturalmente aceptables o no, dependiendo del lugar y contexto en que se realicen.
Se distinguen cinco categorías de gestos, propuestas por Paul Ekman y Wallace Friesen:
• Gestos emblemáticos o emblemas: son señales emitidas intencionalmente y que todo el mundo conoce su significado. (pulgar levantado)
• Gestos ilustrativos o ilustradores: son gestos que acompañan a la comunicación verbal para matizar o recalcar lo que se dice, para suplantar una palabra en una situación difícil, etc. Se utilizan intencionadamente. Este tipo de gestos son muy útiles en los discursos y cuando se habla en público.
• Gestos reguladores de la interacción o reguladores: Con ellos se sincroniza o se regula la comunicación y el canal no desaparece. Se utilizan para tomar el relevo en la conversación, para iniciar y finalizar la interacción, para ceder el turno de la palabra… (dar la mano).
• Gestos que expresan estados emotivos o muestras de afecto: este tipo de gestos reflejan el estado emotivo de la persona y es el resultado emocional del momento. Como ejemplo podemos mencionar gestos que expresan ansiedad o tensión, muecas de dolor, triunfo, alegría, etc.
• Gestos de adaptación o adaptadores: son aquellos gestos que se utilizan para manejar emociones que no queremos expresar, para ayudar a relajarnos o tranquilizarnos, etc. Aquí podemos distinguir los signos dirigidos a uno mismo (como por ejemplo, pellizcarse), dirigidos hacia los objetos (bolígrafo, lápiz, cigarro, etc.) y los dirigidos a hacia otras personas (como proteger a otra persona). Los adaptadores también pueden ser inconscientes, unos ejemplos muy claros son el de morderse una uña o chuparse el dedo, muy común en los niños pequeños.
La expresión facial
Con la expresión facial expresamos muchos estados de ánimos y emociones. Básicamente se utiliza para regular la interacción y para reforzar o enfatizar el contenido del mensaje dirigido al receptor. Nosotros utilizamos la expresión facial para: expresar el estado de ánimo, indicar atención, mostrar disgusto, bromear, reprochar, reforzar la comunicación verbal, etc.
Paul Ekman elaboró un método para descifrar las expresiones faciales mientras trabajaba con Wallace Friesen y Silvan Tomkins. Es una especie de atlas del rostro que recibe el nombre de FAST (Facial Affect Scoring Technique). El FAST clasifica las imágenes utilizando fotografías (no descripciones verbales) y dividiendo el rostro en tres zonas: la frente y las cejas, los ojos y el resto de la cara, es decir, la nariz, las mejillas, la boca y el mentón.
La mirada
La mirada se estudia separadamente por la importancia que conlleva, aunque forme parte de la expresión facial. La mirada cumple una serie de funciones que mencionaremos a continuación:
• La regulación del acto comunicativo
• Fuente de información
• Expresa emociones
• Comunica la naturaleza de la relación interpersonal
El estudio de la mirada contempla diferentes aspectos, entre los más importantes podemos mencionar: la dilatación de las pupilas, el contacto ocular, el acto de parpadear y la forma de mirar:
• La dilatación de las pupilas indica interés y atractivo, se dilatan cuando se ve algo interesante.
• El número de veces que se parpadea por minuto se relaciona con la tranquilidad y el nerviosismo. Si se parpadea mucho, es símbolo de nerviosismo e inquietud y cuanto menos se parpadee más tranquilo estará uno.
• El contacto visual consiste en la mirada que una persona dirige a la mirada de la otra. Aquí debemos mencionar la frecuencia con la que miramos a la otra persona y el mantenimiento del contacto ocular.
• La forma de mirar es una de las conductas más relevantes para distinguir a las personas de estatus alto, dominantes y poderosas, de aquellas de bajo estatus que no son poderosas.
La sonrisa
Aunque la sonrisa se incluye o puede incluirse en la expresión facial, merece ser explicada detalladamente. Se utiliza para expresar felicidad, alegría o simpatía. La sonrisa incluso puede utilizarse para hacer las situaciones más llevaderas. Puede tener un efecto terapéutico en las personas pesimistas o deprimidas.
• Sonrisa sencilla: con este tipo de sonrisa se trasmite un mensaje inseguro, dudoso, de falta de confianza. Debe evitarse si se quiere dar una impresión de firmeza y confianza.
• Sonrisa sencilla de alta intensidad: esta sonrisa se produce con una separación más acentuada de las comisuras de la boca y éstas suben más. Se puede ver una pequeña parte de los dientes superiores. Transmite confianza y calor.
• Sonrisa superior: el labio superior se retrae de tal manera que se pueden ver casi o todos los dientes. Se transmite un mensaje de cierta satisfacción por ver a alguien.
• Sonrisa superior de alta intensidad: se abre más la boca y se ven más los dientes. Se suele acompañar con el cierre ligero de los ojos. Aparte de transmitir felicidad, se suele utilizar para decir una duda alegre o para representar una sorpresa divertida. Se utiliza muchas veces de forma engañosa, por este motivo, hay que tener cuidado.
• Sonrisa amplia: es aquella en la cual la mirada se estrecha levemente. Los dientes superiores e inferiores se descubren al completo. Este tipo de sonrisa expresa la más alta intensidad de alegría, felicidad y placer.
• Carcajada: es la que va más allá que la amplia. Es la más contagiosa y se produce en
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Kin%C3%A9sica"
También puede definirse como el término amplio usado para las formas de comunicación en los que se intervienen movimientos corporales y gestos, en vez de (o además de) los sonidos, el lenguaje verbal u otras formas de comunicación.Junto con la proxémica y la paralingüística, forma parte de los tres aspectos más sobresalientes de la comunicación no verbal.
Los movimientos corporales que aportan significados especiales a la palabra oral, durante un evento comunicativo, a veces pueden tener una intención o no tenerla. Estos movimientos son estudiados por la kinésica o quinésica.
A veces usamos un texto en lugar de una palabra o de un enunciado o dibujamos algo con las manos para complementar lo que decimos oralmente. Por ejemplo, hacemos con los dedos indice y del corazón de las dos manos la señal de lo que decimos va entre comillas. Por ejemplo: para indicar que llego tarde le damos golpecitos al reloj.
Pertenece a la categoría de los paralenguajes, que describen todas las formas de comunicación humana no verbal. Esto incluye los movimientos más sutiles e inconscientes, incluyendo el guiño y los movimientos leves de cejas. Además, el lenguaje corporal puede incluir la utilización de expresiones faciales y postura.
El paralenguaje (incluyendo el lenguaje del cuerpo) ha sido extensamente estudiado en psicología social. En el discurso diario y la psicología popular, el término suele aplicarse al lenguaje corporal considerado involuntario, aunque la diferencia entre lo considerado lenguaje corporal voluntario e involuntario suele ser controvertida. Por ejemplo, una sonrisa puede ser provocada consciente o inconscientemente.
La postura corporal
La postura del cuerpo o sus partes en relación con un sistema de referencia, ya sea la orientación de un elemento del cuerpo con otro elemento o con el cuerpo en su conjunto, o bien su relación con otra persona. En este apartado se distinguen las posiciones corporales abiertas y las cerradas. Una posición abierta es aquella que implica la no separación de un interlocutor de otro mediante brazos y piernas. La cerrada, por el contrario, es la que implica la utilización de piernas y brazos para proteger el cuerpo o para servir de barrera para que el otro individuo se introduzca en una interacción que se mantiene. Por ejemplo, cruzar los brazos, sentarse para hablar con alguien, etc.
Los gestos
Un gesto es una forma de comunicación no verbal ejecutada con alguna parte del cuerpo, y producida por el movimiento de las articulaciones y músculos de brazos, manos y cabeza.
El lenguaje de los gestos permite expresar una variedad de sensaciones y pensamientos, desde desprecio y hostilidad hasta aprobación y afecto. Prácticamente todas las personas utilizan gestos y el lenguaje corporal en adición de palabras cuando hablan. Existen grupos étnicos y ciertos lenguajes de comunicación que utilizan muchos más gestos que la media.
Ciertos tipos de gestos pueden ser considerados culturalmente aceptables o no, dependiendo del lugar y contexto en que se realicen.
Se distinguen cinco categorías de gestos, propuestas por Paul Ekman y Wallace Friesen:
• Gestos emblemáticos o emblemas: son señales emitidas intencionalmente y que todo el mundo conoce su significado. (pulgar levantado)
• Gestos ilustrativos o ilustradores: son gestos que acompañan a la comunicación verbal para matizar o recalcar lo que se dice, para suplantar una palabra en una situación difícil, etc. Se utilizan intencionadamente. Este tipo de gestos son muy útiles en los discursos y cuando se habla en público.
• Gestos reguladores de la interacción o reguladores: Con ellos se sincroniza o se regula la comunicación y el canal no desaparece. Se utilizan para tomar el relevo en la conversación, para iniciar y finalizar la interacción, para ceder el turno de la palabra… (dar la mano).
• Gestos que expresan estados emotivos o muestras de afecto: este tipo de gestos reflejan el estado emotivo de la persona y es el resultado emocional del momento. Como ejemplo podemos mencionar gestos que expresan ansiedad o tensión, muecas de dolor, triunfo, alegría, etc.
• Gestos de adaptación o adaptadores: son aquellos gestos que se utilizan para manejar emociones que no queremos expresar, para ayudar a relajarnos o tranquilizarnos, etc. Aquí podemos distinguir los signos dirigidos a uno mismo (como por ejemplo, pellizcarse), dirigidos hacia los objetos (bolígrafo, lápiz, cigarro, etc.) y los dirigidos a hacia otras personas (como proteger a otra persona). Los adaptadores también pueden ser inconscientes, unos ejemplos muy claros son el de morderse una uña o chuparse el dedo, muy común en los niños pequeños.
La expresión facial
Con la expresión facial expresamos muchos estados de ánimos y emociones. Básicamente se utiliza para regular la interacción y para reforzar o enfatizar el contenido del mensaje dirigido al receptor. Nosotros utilizamos la expresión facial para: expresar el estado de ánimo, indicar atención, mostrar disgusto, bromear, reprochar, reforzar la comunicación verbal, etc.
Paul Ekman elaboró un método para descifrar las expresiones faciales mientras trabajaba con Wallace Friesen y Silvan Tomkins. Es una especie de atlas del rostro que recibe el nombre de FAST (Facial Affect Scoring Technique). El FAST clasifica las imágenes utilizando fotografías (no descripciones verbales) y dividiendo el rostro en tres zonas: la frente y las cejas, los ojos y el resto de la cara, es decir, la nariz, las mejillas, la boca y el mentón.
La mirada
La mirada se estudia separadamente por la importancia que conlleva, aunque forme parte de la expresión facial. La mirada cumple una serie de funciones que mencionaremos a continuación:
• La regulación del acto comunicativo
• Fuente de información
• Expresa emociones
• Comunica la naturaleza de la relación interpersonal
El estudio de la mirada contempla diferentes aspectos, entre los más importantes podemos mencionar: la dilatación de las pupilas, el contacto ocular, el acto de parpadear y la forma de mirar:
• La dilatación de las pupilas indica interés y atractivo, se dilatan cuando se ve algo interesante.
• El número de veces que se parpadea por minuto se relaciona con la tranquilidad y el nerviosismo. Si se parpadea mucho, es símbolo de nerviosismo e inquietud y cuanto menos se parpadee más tranquilo estará uno.
• El contacto visual consiste en la mirada que una persona dirige a la mirada de la otra. Aquí debemos mencionar la frecuencia con la que miramos a la otra persona y el mantenimiento del contacto ocular.
• La forma de mirar es una de las conductas más relevantes para distinguir a las personas de estatus alto, dominantes y poderosas, de aquellas de bajo estatus que no son poderosas.
La sonrisa
Aunque la sonrisa se incluye o puede incluirse en la expresión facial, merece ser explicada detalladamente. Se utiliza para expresar felicidad, alegría o simpatía. La sonrisa incluso puede utilizarse para hacer las situaciones más llevaderas. Puede tener un efecto terapéutico en las personas pesimistas o deprimidas.
• Sonrisa sencilla: con este tipo de sonrisa se trasmite un mensaje inseguro, dudoso, de falta de confianza. Debe evitarse si se quiere dar una impresión de firmeza y confianza.
• Sonrisa sencilla de alta intensidad: esta sonrisa se produce con una separación más acentuada de las comisuras de la boca y éstas suben más. Se puede ver una pequeña parte de los dientes superiores. Transmite confianza y calor.
• Sonrisa superior: el labio superior se retrae de tal manera que se pueden ver casi o todos los dientes. Se transmite un mensaje de cierta satisfacción por ver a alguien.
• Sonrisa superior de alta intensidad: se abre más la boca y se ven más los dientes. Se suele acompañar con el cierre ligero de los ojos. Aparte de transmitir felicidad, se suele utilizar para decir una duda alegre o para representar una sorpresa divertida. Se utiliza muchas veces de forma engañosa, por este motivo, hay que tener cuidado.
• Sonrisa amplia: es aquella en la cual la mirada se estrecha levemente. Los dientes superiores e inferiores se descubren al completo. Este tipo de sonrisa expresa la más alta intensidad de alegría, felicidad y placer.
• Carcajada: es la que va más allá que la amplia. Es la más contagiosa y se produce en
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Kin%C3%A9sica"
La voz
La física ha establecido que para que exista sonido se requieren tres elementos:
1. Un cuerpo que vibre.
2. Un soporte físico por el que pueda transmitirse
3. Una caja de resonancia que amplifique esas vibraciones, permitiendo que sean percibidas por el oído.
El aparato fonador humano
El aparato fonador lo componen tres grupos de órganos diferenciados:
1. Órganos de respiración (Cavidades infraglóticas: pulmones, bronquios y tráquea).
2. Órganos de fonación (Cavidades glóticas: laringe, cuerdas vocales y resonadores -nasal, bucal y faríngeo-).
3. Órganos de articulación (cavidad supraglóticas: paladar, lengua, dientes, labios y glotis).
Además, el correcto funcionamiento del aparato fonador lo controla el sistema nervioso central, pues más allá de la mera fonología, está el significante. Específicamente, se sabe que el control del habla se realiza en el área de Broca situada en el hemisferio izquierdo de la corteza cerebral. Es el lugar donde se produce el sonido, al pasar el aire a través de las cuerdas vocales. La laringe contiene las cuerdas vocales y es el elemento vibrante de la voz.
La producción del habla
La fonación se realiza durante la respiración, cuando el aire contenido en los pulmones, sale de éstos,por simple relajacion de la caja toraxica y el diafragma y, a través de los bronquios y la tráquea, llega a la laringe.
En la laringe se encuentran las cuerdas vocales. Las cuerdas vocales no tienen forma cordófona sino que se trata de una serie de repliegues o labios.
Hay cuatro cuerdas vocales:
• Dos superiores (bandas ventriculares), que no participan en la articulación de la voz.
• Dos inferiores, las verdaderas cuerdas vocales, responsables de la producción de la voz.
Las dos cuerdas
• Si se abren y se recogen a los lados, el aire pasa libremente, sin hacer presión: respiramos.
• Si, por el contrario, se juntan, el aire choca contra ellas, produciendo el sonido que denominamos voz.
Hay tres mecanismos básicos de producción de voz:
• Vibración de las cuerdas que produce los sonidos tonales o sonoros (vocales, semivocales, nasales, etc.).
• Las interrupciones (totales o parciales) en el flujo de aire que sale de los pulmones que da lugar a los sonidos "sordos" (fricativas, etc.)
• La combinación de vibración e interrupción, como las oclusivas sonoras (en español 'b', 'd' y 'g').
El rango vocal lo determina la flexibilidad de las cuerdas vocales, que permite diferenciar los distintos tipos de voces (en canto: tenor, soprano, contralto, ...), en función de la altura, intensidad y timbre.
El sonido producido en las cuerdas vocales es muy débil; por ello, debe ser amplificado. Esta amplificación tendrá lugar en los resonadores nasal, bucal y faríngeo, donde se producen modificaciones que consisten en el aumento de la frecuencia de ciertos sonidos y la desvalorización de otros.
La voz humana, una vez que sale de los resonadores, es moldeada por los articuladores (paladar, lengua, dientes, labios y glotis), transformándose en sonidos del habla: fonemas, sílabas, palabras,... La posición concreta de los articuladores determinará el sonido que emita la voz.
Las vocales: /a/, /e/, /i/, /o/, /u/
En la emisión de las vocales la vibración de las cuerdas vocales no encuentra ningún obstáculo, cambiando entre ellas únicamente la forma del tracto vocálico (configuración boca lengua, paladar).
Entre ellas se diferencian en la apertura y el lugar de articulación. En español si enfrentamos el lugar de articulación (desde la /i/ labial hasta la /u/ glotal) y la apertura, obtenemos la secuencia i-e-a-o-u en forma de triángulo con al /a/ en la cúspide:
En otras lenguas el sistema vocálico suele ser mucho más complejo.
Las consonantes
Para la emisión de las consonantes, el aparato fonador crea determinados obstáculos o barreras a la salida libre de la espiración. Las consonantes son moduladas por la lengua en combinación con los dientes, labios, y velo del paladar.
Las consonantes se clasifican según el modo en que son articuladas o según la oclusión:
Consonantes según el modo en que se articulan
Las consonantes se producen por oposición de unos articuladores con respecto a otros. Es decir, si pensamos en la c, por poner una, la punta de la lengua se apoya entre los dientes, es decir, se articula por la oposición de la punta de la lengua con los dientes.
Las consonantes glotales son las únicas en las que no se produce dicha oposición, dado que como la glotis es flexible, puede articularlas por sí misma.
• Glotales: consonantes articuladas en la propia glotis (sin cambios bucales ni nasales), mediante una compresión de la cavidad glotal con respecto a su punto de equilibrio.
• Bilabiales: se articulan por la oposición de ambos labios.(ej.: /b/ y /p/)
• Labiodentales: se articulan por la oposición de los dientes superiores con el labio inferior. (ej: /f/)
• Linguodentales: se articulan por la oposición de la punta de la lengua con los dientes superiores. (ej.: /d/)
• Alveolares: se articulan por la oposición de la punta de la lengua con la región alveolar del paladar. (ej, /g/)
• Palatales: se articulan por la oposición de la lengua con el paladar duro. (ej.: sonido erre)
• Velares: se articulan por la oposición de la parte posterior de la lengua con el paladar blando. (ej.: sonido jota)
Consonantes según la oclusión
• Oclusivas: el flujo es completamente obstruido durante un instante, y luego se suelta, para producir el sonido. Los sonidos /p/, /t/, /k/, /b/, /d/ y /g/ son oclusivos, los tres primeros son sordos y los segundos sonoros.
• Fricativas: el flujo de aire no se detiene totalmente, pero hay una obstrucción perceptible. Por ejemplo: /f/, /s/, /z/, etc.
• Aproximantes: el flujo de aire apenas es obstaculizado, pero hay una variación en el perceptible. Por ejemplo: /l/, /r/
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Voz_(fonolog%C3%ADa)"
Categoría: Fonética
1. Un cuerpo que vibre.
2. Un soporte físico por el que pueda transmitirse
3. Una caja de resonancia que amplifique esas vibraciones, permitiendo que sean percibidas por el oído.
El aparato fonador humano
El aparato fonador lo componen tres grupos de órganos diferenciados:
1. Órganos de respiración (Cavidades infraglóticas: pulmones, bronquios y tráquea).
2. Órganos de fonación (Cavidades glóticas: laringe, cuerdas vocales y resonadores -nasal, bucal y faríngeo-).
3. Órganos de articulación (cavidad supraglóticas: paladar, lengua, dientes, labios y glotis).
Además, el correcto funcionamiento del aparato fonador lo controla el sistema nervioso central, pues más allá de la mera fonología, está el significante. Específicamente, se sabe que el control del habla se realiza en el área de Broca situada en el hemisferio izquierdo de la corteza cerebral. Es el lugar donde se produce el sonido, al pasar el aire a través de las cuerdas vocales. La laringe contiene las cuerdas vocales y es el elemento vibrante de la voz.
La producción del habla
La fonación se realiza durante la respiración, cuando el aire contenido en los pulmones, sale de éstos,por simple relajacion de la caja toraxica y el diafragma y, a través de los bronquios y la tráquea, llega a la laringe.
En la laringe se encuentran las cuerdas vocales. Las cuerdas vocales no tienen forma cordófona sino que se trata de una serie de repliegues o labios.
Hay cuatro cuerdas vocales:
• Dos superiores (bandas ventriculares), que no participan en la articulación de la voz.
• Dos inferiores, las verdaderas cuerdas vocales, responsables de la producción de la voz.
Las dos cuerdas
• Si se abren y se recogen a los lados, el aire pasa libremente, sin hacer presión: respiramos.
• Si, por el contrario, se juntan, el aire choca contra ellas, produciendo el sonido que denominamos voz.
Hay tres mecanismos básicos de producción de voz:
• Vibración de las cuerdas que produce los sonidos tonales o sonoros (vocales, semivocales, nasales, etc.).
• Las interrupciones (totales o parciales) en el flujo de aire que sale de los pulmones que da lugar a los sonidos "sordos" (fricativas, etc.)
• La combinación de vibración e interrupción, como las oclusivas sonoras (en español 'b', 'd' y 'g').
El rango vocal lo determina la flexibilidad de las cuerdas vocales, que permite diferenciar los distintos tipos de voces (en canto: tenor, soprano, contralto, ...), en función de la altura, intensidad y timbre.
El sonido producido en las cuerdas vocales es muy débil; por ello, debe ser amplificado. Esta amplificación tendrá lugar en los resonadores nasal, bucal y faríngeo, donde se producen modificaciones que consisten en el aumento de la frecuencia de ciertos sonidos y la desvalorización de otros.
La voz humana, una vez que sale de los resonadores, es moldeada por los articuladores (paladar, lengua, dientes, labios y glotis), transformándose en sonidos del habla: fonemas, sílabas, palabras,... La posición concreta de los articuladores determinará el sonido que emita la voz.
Las vocales: /a/, /e/, /i/, /o/, /u/
En la emisión de las vocales la vibración de las cuerdas vocales no encuentra ningún obstáculo, cambiando entre ellas únicamente la forma del tracto vocálico (configuración boca lengua, paladar).
Entre ellas se diferencian en la apertura y el lugar de articulación. En español si enfrentamos el lugar de articulación (desde la /i/ labial hasta la /u/ glotal) y la apertura, obtenemos la secuencia i-e-a-o-u en forma de triángulo con al /a/ en la cúspide:
En otras lenguas el sistema vocálico suele ser mucho más complejo.
Las consonantes
Para la emisión de las consonantes, el aparato fonador crea determinados obstáculos o barreras a la salida libre de la espiración. Las consonantes son moduladas por la lengua en combinación con los dientes, labios, y velo del paladar.
Las consonantes se clasifican según el modo en que son articuladas o según la oclusión:
Consonantes según el modo en que se articulan
Las consonantes se producen por oposición de unos articuladores con respecto a otros. Es decir, si pensamos en la c, por poner una, la punta de la lengua se apoya entre los dientes, es decir, se articula por la oposición de la punta de la lengua con los dientes.
Las consonantes glotales son las únicas en las que no se produce dicha oposición, dado que como la glotis es flexible, puede articularlas por sí misma.
• Glotales: consonantes articuladas en la propia glotis (sin cambios bucales ni nasales), mediante una compresión de la cavidad glotal con respecto a su punto de equilibrio.
• Bilabiales: se articulan por la oposición de ambos labios.(ej.: /b/ y /p/)
• Labiodentales: se articulan por la oposición de los dientes superiores con el labio inferior. (ej: /f/)
• Linguodentales: se articulan por la oposición de la punta de la lengua con los dientes superiores. (ej.: /d/)
• Alveolares: se articulan por la oposición de la punta de la lengua con la región alveolar del paladar. (ej, /g/)
• Palatales: se articulan por la oposición de la lengua con el paladar duro. (ej.: sonido erre)
• Velares: se articulan por la oposición de la parte posterior de la lengua con el paladar blando. (ej.: sonido jota)
Consonantes según la oclusión
• Oclusivas: el flujo es completamente obstruido durante un instante, y luego se suelta, para producir el sonido. Los sonidos /p/, /t/, /k/, /b/, /d/ y /g/ son oclusivos, los tres primeros son sordos y los segundos sonoros.
• Fricativas: el flujo de aire no se detiene totalmente, pero hay una obstrucción perceptible. Por ejemplo: /f/, /s/, /z/, etc.
• Aproximantes: el flujo de aire apenas es obstaculizado, pero hay una variación en el perceptible. Por ejemplo: /l/, /r/
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Voz_(fonolog%C3%ADa)"
Categoría: Fonética
Diferencias entre la lengua oral y la escrita
Tradicionalmente la lengua oral se ha estudiado desde una perspectiva distinta a la escrita, hasta el punto de considerarla su polo opuesto al identificar el lenguaje hablado como un lenguaje natural, espontáneo, poco elaborado, etc.; mientras que el escrito se relacionaba con el uso planificado, normativo y académico. Hoy en día, sin embargo, rechazamos esta visión al entender que los usos orales o escritos no pueden considerarse opuestos porque son modalidades de un mismo sistema; se trata de variaciones que presenta el discurso según la forma, la situación o marco en el que se realizan y, por supuesto, dependen de la función, del motivo de la comunicación.
Por otra parte, esa diversidad o dicotomía no ha impedido estudiar esos dos polos lingüísticos desde la misma perspectiva. De ahí que al abordar el estudio del lenguaje oral, siempre hayamos tenido en cuenta la gramática normativa, que se elabora a partir de la lengua escrita. Perspectiva errónea, porque en la comunicación oral existen otros aspectos relacionados con el contexto en el que se producen las interacciones y que lo modifican notablemente. Cada individuo emplea en sus relaciones orales un idiolecto, caracterizado por sus peculiaridades geográficas y sociales, y por las diversas formas de desarrollar las variedades funcionales.
Además en la lengua hablada intervienen otros elementos paraverbales que han sido estudiados por disciplinas como la Cinésica y la Proxémica; ambas se relacionan con esa línea invisible que asocia nuestras interacciones orales a elementos que fluctúan como las miradas o gestos, el grado de confianza que existen entre los interlocutores, etc. La Cinética, por ejemplo, se encarga del estudio de los gestos, miradas, posturas, la distancia entre los interlocutores, los movimientos conscientes o inconscientes, etc. La Proxémica -por su parte- tiene en cuenta el modo en que los hablantes ocupan el espacio en el que se desarrolla la intervención. Hallamos así situaciones formales en las que los lugares aparecen acotados de forma clara (una conferencia, una clase, un debate televisivo, un juicio), pero en otros varia dependiendo del grado de confianza que presuponen los interlocutores y que permite el acercamiento o lo rechaza y por lo tanto se mantiene una distancia.
Todos estos factores ponen de manifiesto que no podemos utilizar los mismos patrones o unidades cuando estudiemos el lenguaje oral o escrito. Así nociones como palabra, oración, párrafo, etc.; del lenguaje escrito no sirven para suplir estos contenidos paraverbales que hay que tener en cuenta en el lenguaje oral. Además las manifestaciones verbales se desarrollan a través de un grupo fónico que tiene sus propias modalizaciones. ¿Cómo representar gráficamente las modulaciones, cambios de tono y ritmo, el alargamiento vocálico, etc.? ¿Qué criterios seguimos para identificar los turnos de habla, las interrupciones y superposición de voces que se producen en ocasiones? ¿Y los gestos? ¿Con qué criterios representamos la ironía o el titubeo del lenguaje oral? Las interrogaciones y admiraciones no siempre completan toda esa riqueza de significados.
La lengua oral es más expresiva, y busca, sobre todo en situaciones informales, expresar el máximo significado, con el mínimo número de unidades lingüísticas. De ahí el uso de las simplificaciones o los acortamientos de palabras, algunas más normativas que otras. Paradójicamente la búsqueda de expresividad exige la presencia de repeticiones y redundancias que sirven para reforzar de forma eficaz lo que el interlocutor pretende decir.
Repasemos ahora algunas de las diferencias entre el uso oral y el escrito. Debemos recordar que lo más importante es adecuar cada mensaje a la situación comunicativa, en esa adecuación reside el éxito de la comunicación. Ni podemos emplear un registro oral cuando nos iniciamos en la expresión escrita, ni tampoco debemos utilizar un registro escrito, excesivamente formal en las conversaciones cotidianas. De ahí que suela decirse que una persona es competente en una lengua cuando es capaz de adecuar su uso oral o escrito a la situación comunicativa.
Veamos pues cuáles son las diferencias más usuales entre ambos códigos:
-La lengua oral se produce habitualmente en presencia de los interlocutores, aunque hoy en día los usos de las nuevas tecnologías permitan la comunicación diferida. Si existe contacto físico, esta proximidad determina que los estímulos y respuestas sean inmediatos. En el lenguaje escrito, el lector está ausente cuando el escritor realiza el texto, por lo que la respuesta a los estímulos no es inmediata. Existe un margen temporal entre la emisión y la recepción.
-En el lenguaje oral, al estar los dos interlocutores presente, las emisiones se interrumpen y solapan continuamente. Con pocas palabras podemos captar la plenitud del mensaje que se expresa; este hecho implica una respuesta inmediata al estímulo. En el escrito, no es posible la interacción porque el lector está ausente y no se producen interrupciones, el mensaje se realiza ahí íntegramente. Sin embargo, cuando se chatea, por ejemplo, son frecuentes las interrupciones, porque el canal es rápido y permite la inmediatez. En este caso, se utiliza el lenguaje escrito para reproducir eficazmente la comunicación oral.
-Las interrupciones entre los interlocutores en el uso oral provocan abundantes síncopas sintácticas; las oraciones se interrumpen, porque se busca esa ley del mínimo esfuerzo. Además, la expresividad paralingüística - por ejemplo, los gestos o las miradas- completa el enunciado. También influye la rapidez del habla o el uso eficiente de la variedad diatópica o diastrática, así como los usos morfológicos o semánticos son más libres. En el escrito, sin embargo, las estructuras sintácticas suelen completarse, tampoco puede obviarse la exigencia de un uso correcto y adecuado a la situación. No es lo mismo escribir una carta a una amiga que hacer un examen; pero, pese al menor grado de formalidad del primero, las unidades lingüísticas presentan un grado de formalidad que lo diferencia del oral.
-En la lengua oral abundan las repeticiones y recurrencias. Ese uso constante de interjecciones y exclamaciones se relaciona con la mayor proximidad entre los interlocutores y con el incremento de la expresividad. En el escrito, las repeticiones deben evitarse, así como el abuso de interjecciones y exclamaciones.
-El uso oral se produce en un contexto determinado que emisor y receptor comparten, por lo que no hay que hacer referencias continuas a él. De ahí que se sustituyan esas referencias por usos deícticos (aquí, ahora, esto, etc.) que indican el marco, el lugar y el tiempo en el que transcurre la enunciación. En el escrito, en cambio, es necesario indicar ese contexto o crearlo a medida que se realiza el texto, ya que el lector ignora el lugar, el tiempo y la situación el la que suceden los hechos y hay que mostrárselos.
-En la lengua hablada el emisor tiene un tiempo microscópico para estructurar su mensaje, no puede reflexionar porque la comunicación es inmediata y espontánea. Por eso rectifica sobre la marcha. No pueden borrarse los enunciados, aunque sí, pueden cambiarse o alterarse, lo que debe realizar en un tiempo mínimo. En la escrita, al ser de carácter espacial, el emisor dispone de un tiempo precioso para reflexionar, lo que exige mayor precisión y propiedad léxica. Pensemos, por ejemplo, en la diferencia que existe entre un examen escrito y otro oral. Normalmente el oral requiere mayor capacidad de síntesis, respuestas cortas y eficaces; mientras que en el escrito, podemos reflexionar, ordenar nuestro discurso y elaborarlo de una forma más meditada.
-El lenguaje oral suele ir acompañado de elementos comunicativos no verbales
(miradas, gestos, posturas, etc.) que facilitan la comunicación, completando lo no dicho. El propio interlocutor es el que completa la comunicación oculta que sobreentiende.
El escrito utiliza la palabra, no puede apoyarse en esos elementos extralingüísticos.
-El código oral tiende a marcar la procedencia geográfica, así como otras diferencias sociales o generacionales del emisor. Normalmente los usos juveniles difieren de los usos adultos; los sociales, aparecen más neutralizados, debido a la neutralización que producen -por ejemplo- los medios de comunicación o la enseñanza. En el escrito, esas señales se neutralizan cuando el emisor utiliza conscientemente el registro estándar.
-En el lenguaje oral cada hablante recrea la lengua de una forma. El lenguaje escrito no puede reproducir con exactitud el habla oral, porque no dispone de recursos para descifrar esa inmediatez, los tonos o modulaciones de voz, las ironías o las síncopas intencionadas. No se habla igual que se escribe.
El lenguaje oral es universal y se aprende por imitación e impregnación. Todo el mundo, excepto las personas que tienen un impedimento físico o psíquico es capaz de hablar. La lengua escrita, en cambio, es producto de una convención que requiere un aprendizaje previo. No todo el mundo sabe escribir.
En resumidas cuentas, ambos usos no son dos niveles de lengua sino dos realizaciones distintas del mismo sistema en dos códigos diferentes, aunque relacionados. La oral está en la base de lo escrita, pero no se puede escribir como se habla, ni hablar como se escribe.
La comunicación escrita requiere mayor precisión y elaboración. El emisor debe anticiparse a las reacciones del receptor y conocer su personalidad. Esto le exige releer y reflexionar, adoptar el lugar y el punto de vista del lector para conseguir la eficacia comunicativa. Cuando un periodista escribe un artículo de opinión tiene muy en cuenta al lector ideal de esa noticia, se dirige a un tipo de lector determinado. Cualquier mensaje escrito se ajusta a unas normas lingüísticas establecidas, respeta pues las convenciones o formalismos del tipo de escrito. El emisor tiene muy en cuenta las características básicas de un Currículum Vitae, mientras lo escribe; si desconoce las claves de ese tipo de texto, el currículo resultará ineficaz y no conseguirá el objetivo que pretende. Un mensaje escrito evita las ambigüedades. Incluso el lenguaje literario que se basa en ocasiones en la plurivalencia y busca consciente esas ambigüedades respeta las convenciones de cada género.
En definitiva, la comunicación escrita tiene en cuenta tanto la forma como el contenido. La escritura debe ser clara y ordenada. Se evitarán los errores de coherencia y cohesión, para que no se produzca ruido o interferencias que dificulten la compresión del mensaje.
Por otra parte, esa diversidad o dicotomía no ha impedido estudiar esos dos polos lingüísticos desde la misma perspectiva. De ahí que al abordar el estudio del lenguaje oral, siempre hayamos tenido en cuenta la gramática normativa, que se elabora a partir de la lengua escrita. Perspectiva errónea, porque en la comunicación oral existen otros aspectos relacionados con el contexto en el que se producen las interacciones y que lo modifican notablemente. Cada individuo emplea en sus relaciones orales un idiolecto, caracterizado por sus peculiaridades geográficas y sociales, y por las diversas formas de desarrollar las variedades funcionales.
Además en la lengua hablada intervienen otros elementos paraverbales que han sido estudiados por disciplinas como la Cinésica y la Proxémica; ambas se relacionan con esa línea invisible que asocia nuestras interacciones orales a elementos que fluctúan como las miradas o gestos, el grado de confianza que existen entre los interlocutores, etc. La Cinética, por ejemplo, se encarga del estudio de los gestos, miradas, posturas, la distancia entre los interlocutores, los movimientos conscientes o inconscientes, etc. La Proxémica -por su parte- tiene en cuenta el modo en que los hablantes ocupan el espacio en el que se desarrolla la intervención. Hallamos así situaciones formales en las que los lugares aparecen acotados de forma clara (una conferencia, una clase, un debate televisivo, un juicio), pero en otros varia dependiendo del grado de confianza que presuponen los interlocutores y que permite el acercamiento o lo rechaza y por lo tanto se mantiene una distancia.
Todos estos factores ponen de manifiesto que no podemos utilizar los mismos patrones o unidades cuando estudiemos el lenguaje oral o escrito. Así nociones como palabra, oración, párrafo, etc.; del lenguaje escrito no sirven para suplir estos contenidos paraverbales que hay que tener en cuenta en el lenguaje oral. Además las manifestaciones verbales se desarrollan a través de un grupo fónico que tiene sus propias modalizaciones. ¿Cómo representar gráficamente las modulaciones, cambios de tono y ritmo, el alargamiento vocálico, etc.? ¿Qué criterios seguimos para identificar los turnos de habla, las interrupciones y superposición de voces que se producen en ocasiones? ¿Y los gestos? ¿Con qué criterios representamos la ironía o el titubeo del lenguaje oral? Las interrogaciones y admiraciones no siempre completan toda esa riqueza de significados.
La lengua oral es más expresiva, y busca, sobre todo en situaciones informales, expresar el máximo significado, con el mínimo número de unidades lingüísticas. De ahí el uso de las simplificaciones o los acortamientos de palabras, algunas más normativas que otras. Paradójicamente la búsqueda de expresividad exige la presencia de repeticiones y redundancias que sirven para reforzar de forma eficaz lo que el interlocutor pretende decir.
Repasemos ahora algunas de las diferencias entre el uso oral y el escrito. Debemos recordar que lo más importante es adecuar cada mensaje a la situación comunicativa, en esa adecuación reside el éxito de la comunicación. Ni podemos emplear un registro oral cuando nos iniciamos en la expresión escrita, ni tampoco debemos utilizar un registro escrito, excesivamente formal en las conversaciones cotidianas. De ahí que suela decirse que una persona es competente en una lengua cuando es capaz de adecuar su uso oral o escrito a la situación comunicativa.
Veamos pues cuáles son las diferencias más usuales entre ambos códigos:
-La lengua oral se produce habitualmente en presencia de los interlocutores, aunque hoy en día los usos de las nuevas tecnologías permitan la comunicación diferida. Si existe contacto físico, esta proximidad determina que los estímulos y respuestas sean inmediatos. En el lenguaje escrito, el lector está ausente cuando el escritor realiza el texto, por lo que la respuesta a los estímulos no es inmediata. Existe un margen temporal entre la emisión y la recepción.
-En el lenguaje oral, al estar los dos interlocutores presente, las emisiones se interrumpen y solapan continuamente. Con pocas palabras podemos captar la plenitud del mensaje que se expresa; este hecho implica una respuesta inmediata al estímulo. En el escrito, no es posible la interacción porque el lector está ausente y no se producen interrupciones, el mensaje se realiza ahí íntegramente. Sin embargo, cuando se chatea, por ejemplo, son frecuentes las interrupciones, porque el canal es rápido y permite la inmediatez. En este caso, se utiliza el lenguaje escrito para reproducir eficazmente la comunicación oral.
-Las interrupciones entre los interlocutores en el uso oral provocan abundantes síncopas sintácticas; las oraciones se interrumpen, porque se busca esa ley del mínimo esfuerzo. Además, la expresividad paralingüística - por ejemplo, los gestos o las miradas- completa el enunciado. También influye la rapidez del habla o el uso eficiente de la variedad diatópica o diastrática, así como los usos morfológicos o semánticos son más libres. En el escrito, sin embargo, las estructuras sintácticas suelen completarse, tampoco puede obviarse la exigencia de un uso correcto y adecuado a la situación. No es lo mismo escribir una carta a una amiga que hacer un examen; pero, pese al menor grado de formalidad del primero, las unidades lingüísticas presentan un grado de formalidad que lo diferencia del oral.
-En la lengua oral abundan las repeticiones y recurrencias. Ese uso constante de interjecciones y exclamaciones se relaciona con la mayor proximidad entre los interlocutores y con el incremento de la expresividad. En el escrito, las repeticiones deben evitarse, así como el abuso de interjecciones y exclamaciones.
-El uso oral se produce en un contexto determinado que emisor y receptor comparten, por lo que no hay que hacer referencias continuas a él. De ahí que se sustituyan esas referencias por usos deícticos (aquí, ahora, esto, etc.) que indican el marco, el lugar y el tiempo en el que transcurre la enunciación. En el escrito, en cambio, es necesario indicar ese contexto o crearlo a medida que se realiza el texto, ya que el lector ignora el lugar, el tiempo y la situación el la que suceden los hechos y hay que mostrárselos.
-En la lengua hablada el emisor tiene un tiempo microscópico para estructurar su mensaje, no puede reflexionar porque la comunicación es inmediata y espontánea. Por eso rectifica sobre la marcha. No pueden borrarse los enunciados, aunque sí, pueden cambiarse o alterarse, lo que debe realizar en un tiempo mínimo. En la escrita, al ser de carácter espacial, el emisor dispone de un tiempo precioso para reflexionar, lo que exige mayor precisión y propiedad léxica. Pensemos, por ejemplo, en la diferencia que existe entre un examen escrito y otro oral. Normalmente el oral requiere mayor capacidad de síntesis, respuestas cortas y eficaces; mientras que en el escrito, podemos reflexionar, ordenar nuestro discurso y elaborarlo de una forma más meditada.
-El lenguaje oral suele ir acompañado de elementos comunicativos no verbales
(miradas, gestos, posturas, etc.) que facilitan la comunicación, completando lo no dicho. El propio interlocutor es el que completa la comunicación oculta que sobreentiende.
El escrito utiliza la palabra, no puede apoyarse en esos elementos extralingüísticos.
-El código oral tiende a marcar la procedencia geográfica, así como otras diferencias sociales o generacionales del emisor. Normalmente los usos juveniles difieren de los usos adultos; los sociales, aparecen más neutralizados, debido a la neutralización que producen -por ejemplo- los medios de comunicación o la enseñanza. En el escrito, esas señales se neutralizan cuando el emisor utiliza conscientemente el registro estándar.
-En el lenguaje oral cada hablante recrea la lengua de una forma. El lenguaje escrito no puede reproducir con exactitud el habla oral, porque no dispone de recursos para descifrar esa inmediatez, los tonos o modulaciones de voz, las ironías o las síncopas intencionadas. No se habla igual que se escribe.
El lenguaje oral es universal y se aprende por imitación e impregnación. Todo el mundo, excepto las personas que tienen un impedimento físico o psíquico es capaz de hablar. La lengua escrita, en cambio, es producto de una convención que requiere un aprendizaje previo. No todo el mundo sabe escribir.
En resumidas cuentas, ambos usos no son dos niveles de lengua sino dos realizaciones distintas del mismo sistema en dos códigos diferentes, aunque relacionados. La oral está en la base de lo escrita, pero no se puede escribir como se habla, ni hablar como se escribe.
La comunicación escrita requiere mayor precisión y elaboración. El emisor debe anticiparse a las reacciones del receptor y conocer su personalidad. Esto le exige releer y reflexionar, adoptar el lugar y el punto de vista del lector para conseguir la eficacia comunicativa. Cuando un periodista escribe un artículo de opinión tiene muy en cuenta al lector ideal de esa noticia, se dirige a un tipo de lector determinado. Cualquier mensaje escrito se ajusta a unas normas lingüísticas establecidas, respeta pues las convenciones o formalismos del tipo de escrito. El emisor tiene muy en cuenta las características básicas de un Currículum Vitae, mientras lo escribe; si desconoce las claves de ese tipo de texto, el currículo resultará ineficaz y no conseguirá el objetivo que pretende. Un mensaje escrito evita las ambigüedades. Incluso el lenguaje literario que se basa en ocasiones en la plurivalencia y busca consciente esas ambigüedades respeta las convenciones de cada género.
En definitiva, la comunicación escrita tiene en cuenta tanto la forma como el contenido. La escritura debe ser clara y ordenada. Se evitarán los errores de coherencia y cohesión, para que no se produzca ruido o interferencias que dificulten la compresión del mensaje.
La dicción
La dicción es la forma de emplear las palabras para formar oraciones, ya sea de forma hablada o escrita. Se habla de buena dicción cuando el empleo de dichas palabras es correcto y acertado en el idioma al que éstas pertenecen, sin atender al contenido o significado de lo expresado por el emisor.
La palabra dicción proviene del latín diclio o dicleo, manera de hablar. Para tener una dicción excelente es necesario pronunciar correctamente, acentuar con elegancia, frasear respetando las pausas y matizar los sonidos musicales.
Una buena emisión de voz resulta, sin duda, un extraordinario apoyo para la interpretación de la música.
Al hablar, y sobre todo al cantar, es preciso evitar los vicios o defectos de dicción, como los ejemplos siguientes: vistes, íbanos, gratituo, tualla, Saltío, desborrar, cállensen...
La colocación de la voz consiste en producirla correctamente, tomando en cuenta tanto la respiración, colocación correcta del diafragma, posición de los labios, articulación y desde luego, la dicción.
Vicios de dicción
Son los errores que se cometen contra la corrección y la claridad del lenguaje, convirtiendo nuestras expresiones en inadecuadas. Estos son:
• Vulgarismo
• Barbarismo
• Hiato cacofónico
• Solecismo
• Dequeísmo
• Queísmo
• Cacofonía
• Monotonía
• Redundancia
• Anfibología
(Por favor, investiguen cada uno de estos vicios)
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Dicci%C3%B3n"
La palabra dicción proviene del latín diclio o dicleo, manera de hablar. Para tener una dicción excelente es necesario pronunciar correctamente, acentuar con elegancia, frasear respetando las pausas y matizar los sonidos musicales.
Una buena emisión de voz resulta, sin duda, un extraordinario apoyo para la interpretación de la música.
Al hablar, y sobre todo al cantar, es preciso evitar los vicios o defectos de dicción, como los ejemplos siguientes: vistes, íbanos, gratituo, tualla, Saltío, desborrar, cállensen...
La colocación de la voz consiste en producirla correctamente, tomando en cuenta tanto la respiración, colocación correcta del diafragma, posición de los labios, articulación y desde luego, la dicción.
Vicios de dicción
Son los errores que se cometen contra la corrección y la claridad del lenguaje, convirtiendo nuestras expresiones en inadecuadas. Estos son:
• Vulgarismo
• Barbarismo
• Hiato cacofónico
• Solecismo
• Dequeísmo
• Queísmo
• Cacofonía
• Monotonía
• Redundancia
• Anfibología
(Por favor, investiguen cada uno de estos vicios)
Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Dicci%C3%B3n"
Retórica
La retórica es la disciplina transversal a distintos campos de conocimiento (ciencia de la literatura, ciencia política, publicidad, periodismo, etc.) que se ocupa de estudiar y de sistematizar procedimientos y técnicas de utilización del lenguaje puestos al servicio de una finalidad persuasiva o estética del mismo, añadida a su finalidad comunicativa.
Históricamente, la retórica tiene su origen en la Grecia clásica, donde se entendía, en palabras de los tratadistas clásicos, como el ars bene dicendi, esto es, la técnica de expresarse de manera adecuada para lograr la persuasión del destinatario (etimológicamente, la palabra es un helenismo que proviene del griego ρητορική [τέχνη], «rhetorikè (téchne)»).
La retórica se configura como un sistema de reglas y recursos que actúan en distintos niveles en la construcción de un discurso. Tales elementos están estrechamente relacionados entre sí y todos ellos repercuten en los distintos ámbitos discursivos.
Definición
En principio, la retórica se ocupó de la lengua hablada, pero su saber trascendió al discurso escrito e influyó poderosamente en la literatura cuando la palabra escrita ganó prestigio en el régimen imperial en Roma, si bien el discurso escrito suele considerarse como una transcripción limitada o imitación estrecha del discurso oral.
En la actualidad, la retórica ha vivido un gran resurgimiento y sus enseñanzas se utilizan en publicidad, la academia, la política, así como en la defensa de puntos de vista durante los juicios civiles. Por otro lado, gracias a las nuevas tecnologías audiovisuales podemos hablar de una retórica de la imagen, ya que mediante una imagen o vídeo podemos hablar sobre algo utilizando figuras retóricas (metáfora, metonimia, prosopopeya, personificación, etc.).
La retórica ocupó un lugar importante en el sistema educativo antiguo y medieval, y hasta el romanticismo su significación fue crucial dentro de las disciplinas humanísticas.
Son tres procesos complementarios los que conformaban el aprendizaje de la retórica: el estudio de los preceptos, la imitación de modelos y la práctica personal.
La composición del discurso
La elaboración del discurso verbal y su exposición ante un auditorio son aspectos que exigen la atención a cinco dimensiones que se complementan entre sí:
• En tanto que estructura lingüística, el discurso está conformado por la inventio, la dispositio y la elocutio;
• En tanta actividad oral, el discurso está configurado por la memoria y la actio.
Inventio (o invenio)
La finalidad de esta fase es establecer los contenidos del discurso. El término inventio procede del latín invenire que a su vez procede del griego εὒρεσις que significa "hallazgo", pues de lo que se trata es que el orador seleccione, halle, en un repertorio prefijado de temas aquellos que son los más adecuados a su exposición. Se trata, mentalmente hablando, de invenire ("hallar") en la memoria, llena de topoi o loci ("tópicos" o "lugares" comunes) las ideas propias o heredadas de la sociedad en general, susceptibles de ser utilizadas en el discurso.
La tipología del tópico retórico incluye los siguientes elementos: persona, cosa, lugar, instrumento, causa, modo, tiempo, comparación y argumentación, a los que habrá que añadirse el tópico literario, en el caso de obras literarias.
Dispositio
Este término latino es una traducción del concepto de la retórica griega conocido como τἀξις que quiere decir "disposición". La finalidad de esta parte de la preparación discursiva es la organización de los elementos de la inventio en un todo estructurado. Son relevantes a este respecto el número de partes del discurso y su orden de aparición.
• En cuanto a las partes, los discursos pueden presentar una estructura bipartita (en la que las dos partes mantienen una tensión recíproca dentro del conjunto) o tripartita (en la que se supone un desarrollo lineal con principio, medio y fin).
La estructuración tripartita, la más frecuente, consta de un exordium o parte inicial que tiene por objeto captar la atención (el interés o favor) del oyente (captatio benevolentiae) e indicar a este la estructuración del discurso; una parte media con narratio (exposición del asunto y tesis del orador al respecto) y argumentatio (con las razones que sustentan dicha tesis); y, finalmente, una peroratio o recapitulación de lo dicho con apelaciones al auditorio.
La estructura del discurso
El exordio busca hacer al auditorio benévolo, atento y dócil. Su función es señalizar que el discurso comienza, atraer la atención del receptor, disipar animosidades, granjear simpatías, fijar el interés del receptor y establecer el tema, tesis u objetivo.
La proposición es una enunciación breve y clara del tema que se va a tratar.
La división es la enumeración de las partes de que va a tratar el discurso.
La narratio, desarrollo o exposición es la parte más extensa del discurso y cuenta los hechos necesarios para demostrar la conclusión que se persigue. Si el tema presenta subdivisiones, es preciso adoptar un orden conveniente (partitio o divisio). En la partitio tenemos que despojar al asunto de los elementos que no conviene mencionar y desarrollar y amplificar aquellos que sí conviene.
La argumentación es la parte donde se aducen las pruebas que confirman la propia posición revelada en la tesis de la exposición (confirmatio o probatio) y se refutan las de la tesis que sostiene la parte contraria (refutatio o reprehensio), dos partes que Quintiliano considera independientes, de forma que para él el discurso forense tendría cinco. La confirmación exige el empleo de argumentos lógicos y de las figuras estilísticas del énfasis. También es un lugar apropiado para el postulado o enunciado sin prueba, siempre que no debilite nuestra credibilidad, para lo cual hay que recurrir al postulado no veraz pero plausible (hipótesis), a fin de debilitar al adversario desorientando su credibilidad; lo mejor en ese caso es sugerirlo y no decirlo. Se recurre a una «lógica retórica» o dialéctica que no tiene que ver con la lógica científica, pues su cometido no es hallar la verdad sino convencer. Se funda más en lo verosímil que en lo verdadero, de ahí su vinculación con la demagogia.
Para los discursos monográficos enfocados a la persuasión, convienen las estructuras gradativas ascendentes. En el caso del discurso periodístico, la tendencia del lector a abandonar al principio recomienda el uso de la estructura opuesta: colocar lo más importante al principio. La retórica clásica recomienda para los discursos argumentativos monográficos el orden nestoriano, el 2,1,3: esto es, en primer lugar los argumentos medianamente fuertes, en segundo lugar los más flacos y débiles y en último lugar los más fuertes.
La peroración es la parte destinada a inclinar la voluntad del oyente suscitando sus afectos, recurriendo a móviles éticos o pragmáticos y provocando su compasión (conquestio o conmiseratio) y su indignación (indignatio) para atraer la piedad del público y lograr su participación emotiva, mediante recursos estilísticos patéticos; incluye lugares de casos de fortuna: enfermedad, mala suerte, desgracias… Resume y sintetiza lo que fue desarrollado para facilitar el recuerdo de los puntos fuertes y lanzar la apelación a los afectos; es un buen lugar para lanzar un elemento nuevo, inesperado e interesante, el argumento-puñetazo que refuerce todos los demás creando en el que escucha una impresión final positiva y favorable.
Los argumentos
Existen tres tipos de argumentos que pueden ser empleados en un discurso: los relativos al ethos, al pathos y al logos.
• Argumentos ligados al ethos: son de orden afectivo y moral y atañen al emisor del discurso; son, en suma, las actitudes que debe tomar el orador para inspirar confianza a su auditorio. Así, debe mostrarse:
o Sensato y fiable: esto es, capaz de dar consejos razonables y pertinentes.
o Sincero: no debe disimular lo que piensa o lo que sabe.
o Simpático: debe mostrar que está preparado a ayudar a su auditorio.
• Argumentos ligados al pathos: de orden puramente afectivo y ligados fundamentalmente al receptor del discurso. Según Aristóteles, estos argumentos se basan en suscitar ira (ὀργή), calma (πραότης), odio(μίσος), amistad (φιλία), miedo (φόβος), confianza (θάρσος), vergüenza (αἰσχύνη), indigación (τὸ νεμεσάν), agradecimiento (χάρις), compasión (ἐλείνος) y envidia (φθόνος) por las virtudes de otro (ζήλος)1
• Argumentos ligados al logos: argumentos ceñidos al tema y mensaje mismo del discurso; se entra aquí en el dominio propiamente de la Dialéctica y se utilizan sobre todo los deductivos y los analógicos.
El orden de las partes puede ser naturalis o artificialis. El ordo naturalis es el que respeta la propia naturaleza del discurso sin alteraciones intencionadas o el que sigue la tradición; el ordo artificialis, por el contrario, altera el orden habitual de las partes (por ejemplo, empezar una historia no por el principio sino en un momento ya avanzado de la misma, esto es, in medias res).
Elocutio
La elocutio afecta al modo de expresar verbalmente de manera adecuada los materiales de la inventio ordenados por la dispositio. En la actualidad, la elocutio es lo que se denomina estilo.
La elocutio se manifiesta a través de dos aspectos: las cualidades y los registros.
• Las cualidades elocutivas son tres: puritas, perspicuitas y ornatus.
La puritas es la corrección gramatical en la expresión lingüística, que busca, sobre todo, evitar el barbarismo o palabra incorrecta y el solecismo o construcción sintáctica errónea.
La perspicuitas es el grado de comprensibilidad del discurso, que se opone a la obscuritas.
El ornatus tiene por objeto embellecer el discurso con el uso de las distintas figuras literarias. Se trata del principal constituyente del ornatus pues en torno a él giran todos los elementos de la configuración estilística. Consta de dos formantes básicos: la elección de palabras (véase: tropos y figuras) y su combinación (compositio).
• Los registros de la elocución (genera elocutionis) son modalidades estilísticas que dependen de la combinación de las cualidades elocutivas. Se pueden identificar varios pero tradicionalmente se habla de tres modelos básicos:
El genus humile o estilo llano tiene por objeto la enseñanza; se caracteriza por la puritas y la perspicuitas, y un ornatus poco desarrollado.
El genus medium o estilo medio pretende deleitar; se caracteriza por una mayor presencia del ornatus que en el anterior.
El genus sublime o estilo elevado busca conmover y las cualidades elocutivas están presentes en grado máximo.
La compositio
La compositio analiza la estructura sintáctica y fónica de los enunciados, esto es, sus constituyentes y sus distintas posibilidades de distribución en el discurso. Así, se distinguen la compositio sintáctica (centrada en la oración y sus partes) y la compositio fonética (centrada en la combinación de palabras en la oración por razones fonéticas).
• La compositio sintáctica: se distinguen dos tipos de estilo: el estilo suelto o seguido y el estilo periódico o periodo.
La primera diferencia entre ambos es de tipo estructural y lógico-semántica: en el periodo existe una estructura periódica que presenta varias partes con autonomía argumentativa para cada una de ellas; en cambio, en el estilo suelto no existe esa estructuración, de forma que las ideas se suceden hasta llegar a la conclusión.
La segunda diferencia es de orden rítmico: en el periodo hay que tener en cuenta el numerus (el correlato en latín del metro en poesía, que se basaba en las cantidades vocálicas), mientras que en el estilo suelto esto es irrelevante.
Memoria
La memorización del discurso elaborado depende de dos tipos de memoria según los tratadistas clásicos: la memoria naturalis (la innata) y la memoria artificiosa, que implica una serie de procedimientos mnemotécnicos para facilitar el recuerdo.
Actio
También llamada pronuntiatio, se ocupa de la declamación del discurso, prestando atención a la modulación de la voz y de los gestos, que debe estar en consonancia con el contenido del mismo.
Los géneros oratorios
Existen tres géneros de discursos de oratoria: el genus iudiciale (género judicial), el genus deliberativum (género deliberativo o forense) y el genus demonstrativum (género demostrativo o epidíctico)
• El genus iudiciale es el que corresponde a las exposiciones realizadas ante un juez con el objetivo de acusar o defender, respecto de un asunto del pasado, una causa planteada en término de justicia frente a injusticia. Sus polos son acusación y defensa
• El genus deliberativum es el que corresponde a los discursos pronunciados ante una asamblea; el orador pretende aconsejar o disuadir en términos de utilidad. Frente a la género judicial, que se centra en acontecimientos pasados, el tema de los discurso deliberativos es cómo afrontar en el futuro un determinado asunto.
• El genus demonstrativum se centra en individuos particulares a los que se trata de alabar o denostar ante un público; se ocupa de hechos pasados y se dirige a un público que no tiene capacidad para influir sobre los hechos, sino tan solo de asentir o disentir sobre la manera de presentarlos que tiene el orador, alabándolos o vituperándolos. Está centrado en lo bello y en su contrario, lo feo. Sus polos son, pues, el encomio y el denuesto o vituperio.
Además de estos tres géneros, existen siete especies (εἲδη): la suasoria (προτρεπτικόν), disuasoria (ἀποτρεπτικόν), laudatoria (ἐγκωμιαστικόν), vituperadora (ψητικόν), acusatoria (κατηγορικόν), exculpatoria (ἀπολιγικόν) y la indagatoria (ἐξεταστικόν).3 Estas especies están presentes en los tres géneros. En el deliberativo, puesto que se busca convencer al auditoriο de una determinada tesis, las más frecuentes son la suasoria y la disuasoria.
En el judicial, en el que hay que defenderse de acusaciones o realizarlas, predominan las especies acusatorias y exculpatoria y en el epidíctico, que sirve para reforzar los valores de una comunidad, la laudatoria y la vituperadora. Aunque predοminen más en determinados discursos, las siete especies están en los tres géneros.
En un discurso deliberativo se puede utilizar la especie acusatoria y la vituperadora, por ejemplo, el político que propone una ley puede acusar a su rival de algo o hacerle un vituperio con el fin de desacreditarlo. De la misma manera, en el discurso judicial son frecuentes las especies vituperadora y laudatoria. Un caso muy conocido es el discurso de Ciceron Pro Archias Poeta en el que hay un extenso elogio de la poesía.
En la Edad Media se añadieron a los anteriores las llamadas artes: ars praedicandi (sobre la técnica de elaborar sermones), ars dictandi (o ars dictaminis, sobre el arte de escribir cartas) y las ars poetriae (preceptos gramaticales, métricos y retóricos para escribir poesía).
Historia de la retórica
La Atenas clásica
Fuentes para el estudio
Podemos conocer la retórica ateniense a través de los discursos que dejaron grandes oradores como Demóstenes, Lisias o Isócrates. Heródoto y Tucídides en su obras sobre historia, además de sucesos, también escribieron discursos pronunciados por personajes históricos como Alcibíades, Jerjes o Pericles.
Desde el punto de vista teórico las fuentes más importantes son la Retórica a Alejandro escrita por Anaxímenes de Lámpsaco y la Retórica de Aristóteles. La primera obra consiste en una serie de preceptos sobre como hablar elocuentemente. La segunda obra tiene un planteamiento más filosófico. Frente a la Retórica a Alejandro que es de carácter práctico, la Retórica de Aristóteles es de carácter teórico.
En la Atenas Clásica no existe una distinción clara entre la Retórica y la Filosofía. Por este motivo, hay que tener muy en cuenta esta última disciplina. La Tragedia y la Comedia, muy ligadas a lo político, son también importantes para conocer la retórica en la Atenas Clásica.
Orígenes
Los primeros maestros que se dedicaron a esta disciplina fueron de allí, Córax de Siracusa, primero en escribir un tratado sobre el tema, y su discípulo Tisias, que lo divulgó. Las figuras de estos dos primeros maestros de retórica son bastante oscuras. Ningún escrito de ellos ha llegado hasta nuestros días. Se conoce su existencia por menciones de rétores posteriores. Hay una teoría que defiende que Tisias y Córax eran una sola persona y no dos. Según esta teoría, el primer rétor de la antigüedad se llamaría Tisias, el Corax o dicho de otra forma, Tisias el cuervo. (κόραξ,κόρακος significaba en griego antiguo cuervo)4 Esa elocuencia vino a transformarse rápidamente en objeto de enseñanza y se transmitió al Ática por comerciantes que comunicaban Siracusa y Atenas.
Fundamentos filosóficos
La retórica demostró pronto su utilidad como instrumento político en el régimen democrático, siglo V a. C., divulgada por profesores conocidos como sofistas, entre los cuales los más conocidos fueron Protágoras de Abdera y Gorgias. Para estos maestros de retórica que fueron también filósofos, no existe una única verdad y con el lenguaje sólo se pueden expresar cosas verosímiles (τὸ εἰκός). Valoraban mucho el poder que tenía la palabra (λὀγος) que según Gorgias es un gran soberano que con un cuerpo muy pequeño e imperceptible realiza obras de naturaleza divina.
Esta filosofía fue muy criticada por Platón. Tanto para Platón como para su maestro Sócrates, la esencia de la filosofía reposaba en la dialéctica: la razón y la discusión conducen poco a poco al descubrimiento de importantes verdades. Platón pensaba que los sofistas no se interesaban por la verdad, sino solamente por la manera de convencer, así que rechazó la palabra escrita y buscó la interlocución personal, y el método fundamental del discurso pedagógico que adoptó fue el del diálogo entre maestro y alumno. Pero el gran maestro de la retórica griega fue Isócrates. Pensaba que la retórica era un plan de formación integral de la persona que servía para crear ciudadanos modélicos; con su sistema de enseñanza, precursor del Humanismo, pretendía la regeneración ética y política de la sociedad ateniense.
Aristóteles, por otra parte, sistematizó la mayor parte de estos conocimientos sobre el arte de hablar y argumentar en una obra que consagró al efecto, su Retórica. La gran aportación de la Retórica de Aristóteles es su enfoque filosófico. Los manuales anteriores de cuales el único ejemplar que se conserva es la Retórica a Alejandro, consistían en consejos prácticos sobre cómo persuadir. La Retórica de Aristóteles en cambio, realiza reflexiones teóricas sobre el lenguaje persuasivo.
Los géneros retóricos
Como Solón estableció que cada persona debía defenderse en persona ante un tribunal, llegaron a crearse los llamados logógrafos, unos artesanos que se dedicaban a confeccionar discursos para quienes no sabían hacerlos a cambio de estipendio: autores como Antifonte, Lisias, que destacó por su naturalidad y aticismo, Iseo, famoso por su habilidad en la argumentación, y el más famoso de todos ellos, Isócrates, fueron logógrafos. Éstos poseían también una preocupación estilística y procuraban que el estilo del discurso se ajustara a la personalidad y condición social de quien debía memorizarlo y pronunciarlo. También existía la figura del sunégoros (συνήγορος) cuya función era similar a la de un abogado. Demóstenes actuó como συνήγορος cuando pronunció su famoso discurso Sobre la Corona.
En los siglos V y IV a.C., el sistema político ateniense era la democracia radical que consistía en que todo ciudadano ateniense mayor de edad y varón podía exponer en la Asamblea (ἐκλεσία) sus puntos de vista sobre los asuntos de la polis. Para poder hablar en la Asamblea era necesario ser un orador excelente. Por este motivo se desarrolló en Atenas la retórica deliberativa.
El tercer género retórico que se desarrolló en Atenas fue el epidíctico que abarca los discursos que tienen lugar en ocasiones especiales, por ejemplo, en un funeral y cuyo principal objetivo es reforzar los valores de una comunidad. El discurso Epidíctico más importante de la Atenas Clásica es el Discurso Fúnebre de Pericles.
Roma
Ya en Roma, la retórica se perfeccionó sumamente por medio de las investigaciones y esfuerzos que consagraron a su estudio hombres de letras como Cicerón, que dedicó al tema una parte sustancial de su obra e hizo de la retórica el eje de sus preocupaciones, el anónimo autor de la Retorica ad Herennium o Marco Fabio Quintiliano, cuyos doce libros de Instituciones oratorias suponen la culminación de los estudios sobre la materia en el mundo romano.
La Edad Media
Durante la Edad Media, de los tres géneros oratorios, el judicial, el deliberativo y el epidíctico, entraron en decadencia el género deliberativo y el epidíctito, es decir, la oratoria política y la artística, ya que la militarización del imperio hacía inútil los conocimientos de la oratoria; sin embargo sus conocimientos fueron transvasados a la literatura en general, que se retorizó notablemente perdiendo bastante de su inspiración originaria y su frescura. Así lo vino a concluir el gran estudioso de la literatura medieval Ernst Robert Curtius en su Literatura europea y Edad Media latina, traducido al castellano en 1955.
Época contemporánea
La retórica contemporánea ha prescindido del discurso oral y, por tanto, de entre las cinco fases de elaboración del discurso (invención, disposición, elocución, memoria y acción) de las dos últimas de índole práctica, la memoria y la acción. Se considera actualmente que es útil para actores, abogados, psicólogos, políticos, publicitarios, escritores, vendedores y, en general, quienes quieren persuadir o convencer de algo.
Sin embargo, la retórica ha vivido un gran renacimiento en la segunda mitad del siglo XX como disciplina científica con el surgir de varias corrientes de pensamiento que han redescubierto su valor para distintas disciplinas; comenzó Heinrich Lausberg realizando una gran labor de clasificación de la disciplina con sus Elemente der literarischen Rhetorik, traducido como Elementos de retórica literaria en 1975; y su impagable Manual de retórica literaria, publicado en español entre 1966 y 1970 en tres volúmenes; Chaïm Perelman y Lucie Ollbrechts-Tyteca publicaron en 1958 un fundamental Tratado de la argumentación, traducido al castellano en 1994; la disciplina creada a raíz de este libro se denomina desde entonces Retórica de la argumentación o, a veces, Neorretórica; por otra parte, y al lado de esta llamada retórica de la argumentación, ha surgido una nueva neorretórica, la retórica contemporánea de las figuras, ilustrada por Roman Jakobson, el Grupo µ (o Grupo de Lieja), Lakoff y Johnson, etc. que permitió a la lingüística y a la semiótica desarrollarse en una orientación social y cognitivista.
La invención, sola o conjuntamente con la disposición, es a menudo llamada argumentación; la elocución se subdivide, como habían determinado ya los teóricos de la antigüedad, en un gran número de puntos de vista sobre el discurso a hacer (arte de la retórica) o sobre el discurso ya hecho (retórica como ciencia): sobre el vocabulario (registros de la lengua), sobre los ritmos y las sonoridades, sobre la forma y la estructura de las frases (sintaxis, parataxis, hipotaxis, tipo de progresión remática, período, estilo cromático, etc).
Bibliografía
• Aristóteles (1995). Retórica. 1ª edición, 4ª impresión. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1423-3.
• Azaustre Galiana, Antonio & Casas Rigall, Juan (1994). Introducción al análisis retórico: tropos, figuras y sintaxis del estilo. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela-Lalia.
• Hernández Guerrero, José Antonio & García Tejera, María del Carmen (1994). Historia breve de la Retórica. Madrid: Síntesis.
• López Eire, A. (2002). Poéticas y Retóricas griegas. Madrid: Síntesis.
• De Wikipedia, la enciclopedia libre
Históricamente, la retórica tiene su origen en la Grecia clásica, donde se entendía, en palabras de los tratadistas clásicos, como el ars bene dicendi, esto es, la técnica de expresarse de manera adecuada para lograr la persuasión del destinatario (etimológicamente, la palabra es un helenismo que proviene del griego ρητορική [τέχνη], «rhetorikè (téchne)»).
La retórica se configura como un sistema de reglas y recursos que actúan en distintos niveles en la construcción de un discurso. Tales elementos están estrechamente relacionados entre sí y todos ellos repercuten en los distintos ámbitos discursivos.
Definición
En principio, la retórica se ocupó de la lengua hablada, pero su saber trascendió al discurso escrito e influyó poderosamente en la literatura cuando la palabra escrita ganó prestigio en el régimen imperial en Roma, si bien el discurso escrito suele considerarse como una transcripción limitada o imitación estrecha del discurso oral.
En la actualidad, la retórica ha vivido un gran resurgimiento y sus enseñanzas se utilizan en publicidad, la academia, la política, así como en la defensa de puntos de vista durante los juicios civiles. Por otro lado, gracias a las nuevas tecnologías audiovisuales podemos hablar de una retórica de la imagen, ya que mediante una imagen o vídeo podemos hablar sobre algo utilizando figuras retóricas (metáfora, metonimia, prosopopeya, personificación, etc.).
La retórica ocupó un lugar importante en el sistema educativo antiguo y medieval, y hasta el romanticismo su significación fue crucial dentro de las disciplinas humanísticas.
Son tres procesos complementarios los que conformaban el aprendizaje de la retórica: el estudio de los preceptos, la imitación de modelos y la práctica personal.
La composición del discurso
La elaboración del discurso verbal y su exposición ante un auditorio son aspectos que exigen la atención a cinco dimensiones que se complementan entre sí:
• En tanto que estructura lingüística, el discurso está conformado por la inventio, la dispositio y la elocutio;
• En tanta actividad oral, el discurso está configurado por la memoria y la actio.
Inventio (o invenio)
La finalidad de esta fase es establecer los contenidos del discurso. El término inventio procede del latín invenire que a su vez procede del griego εὒρεσις que significa "hallazgo", pues de lo que se trata es que el orador seleccione, halle, en un repertorio prefijado de temas aquellos que son los más adecuados a su exposición. Se trata, mentalmente hablando, de invenire ("hallar") en la memoria, llena de topoi o loci ("tópicos" o "lugares" comunes) las ideas propias o heredadas de la sociedad en general, susceptibles de ser utilizadas en el discurso.
La tipología del tópico retórico incluye los siguientes elementos: persona, cosa, lugar, instrumento, causa, modo, tiempo, comparación y argumentación, a los que habrá que añadirse el tópico literario, en el caso de obras literarias.
Dispositio
Este término latino es una traducción del concepto de la retórica griega conocido como τἀξις que quiere decir "disposición". La finalidad de esta parte de la preparación discursiva es la organización de los elementos de la inventio en un todo estructurado. Son relevantes a este respecto el número de partes del discurso y su orden de aparición.
• En cuanto a las partes, los discursos pueden presentar una estructura bipartita (en la que las dos partes mantienen una tensión recíproca dentro del conjunto) o tripartita (en la que se supone un desarrollo lineal con principio, medio y fin).
La estructuración tripartita, la más frecuente, consta de un exordium o parte inicial que tiene por objeto captar la atención (el interés o favor) del oyente (captatio benevolentiae) e indicar a este la estructuración del discurso; una parte media con narratio (exposición del asunto y tesis del orador al respecto) y argumentatio (con las razones que sustentan dicha tesis); y, finalmente, una peroratio o recapitulación de lo dicho con apelaciones al auditorio.
La estructura del discurso
El exordio busca hacer al auditorio benévolo, atento y dócil. Su función es señalizar que el discurso comienza, atraer la atención del receptor, disipar animosidades, granjear simpatías, fijar el interés del receptor y establecer el tema, tesis u objetivo.
La proposición es una enunciación breve y clara del tema que se va a tratar.
La división es la enumeración de las partes de que va a tratar el discurso.
La narratio, desarrollo o exposición es la parte más extensa del discurso y cuenta los hechos necesarios para demostrar la conclusión que se persigue. Si el tema presenta subdivisiones, es preciso adoptar un orden conveniente (partitio o divisio). En la partitio tenemos que despojar al asunto de los elementos que no conviene mencionar y desarrollar y amplificar aquellos que sí conviene.
La argumentación es la parte donde se aducen las pruebas que confirman la propia posición revelada en la tesis de la exposición (confirmatio o probatio) y se refutan las de la tesis que sostiene la parte contraria (refutatio o reprehensio), dos partes que Quintiliano considera independientes, de forma que para él el discurso forense tendría cinco. La confirmación exige el empleo de argumentos lógicos y de las figuras estilísticas del énfasis. También es un lugar apropiado para el postulado o enunciado sin prueba, siempre que no debilite nuestra credibilidad, para lo cual hay que recurrir al postulado no veraz pero plausible (hipótesis), a fin de debilitar al adversario desorientando su credibilidad; lo mejor en ese caso es sugerirlo y no decirlo. Se recurre a una «lógica retórica» o dialéctica que no tiene que ver con la lógica científica, pues su cometido no es hallar la verdad sino convencer. Se funda más en lo verosímil que en lo verdadero, de ahí su vinculación con la demagogia.
Para los discursos monográficos enfocados a la persuasión, convienen las estructuras gradativas ascendentes. En el caso del discurso periodístico, la tendencia del lector a abandonar al principio recomienda el uso de la estructura opuesta: colocar lo más importante al principio. La retórica clásica recomienda para los discursos argumentativos monográficos el orden nestoriano, el 2,1,3: esto es, en primer lugar los argumentos medianamente fuertes, en segundo lugar los más flacos y débiles y en último lugar los más fuertes.
La peroración es la parte destinada a inclinar la voluntad del oyente suscitando sus afectos, recurriendo a móviles éticos o pragmáticos y provocando su compasión (conquestio o conmiseratio) y su indignación (indignatio) para atraer la piedad del público y lograr su participación emotiva, mediante recursos estilísticos patéticos; incluye lugares de casos de fortuna: enfermedad, mala suerte, desgracias… Resume y sintetiza lo que fue desarrollado para facilitar el recuerdo de los puntos fuertes y lanzar la apelación a los afectos; es un buen lugar para lanzar un elemento nuevo, inesperado e interesante, el argumento-puñetazo que refuerce todos los demás creando en el que escucha una impresión final positiva y favorable.
Los argumentos
Existen tres tipos de argumentos que pueden ser empleados en un discurso: los relativos al ethos, al pathos y al logos.
• Argumentos ligados al ethos: son de orden afectivo y moral y atañen al emisor del discurso; son, en suma, las actitudes que debe tomar el orador para inspirar confianza a su auditorio. Así, debe mostrarse:
o Sensato y fiable: esto es, capaz de dar consejos razonables y pertinentes.
o Sincero: no debe disimular lo que piensa o lo que sabe.
o Simpático: debe mostrar que está preparado a ayudar a su auditorio.
• Argumentos ligados al pathos: de orden puramente afectivo y ligados fundamentalmente al receptor del discurso. Según Aristóteles, estos argumentos se basan en suscitar ira (ὀργή), calma (πραότης), odio(μίσος), amistad (φιλία), miedo (φόβος), confianza (θάρσος), vergüenza (αἰσχύνη), indigación (τὸ νεμεσάν), agradecimiento (χάρις), compasión (ἐλείνος) y envidia (φθόνος) por las virtudes de otro (ζήλος)1
• Argumentos ligados al logos: argumentos ceñidos al tema y mensaje mismo del discurso; se entra aquí en el dominio propiamente de la Dialéctica y se utilizan sobre todo los deductivos y los analógicos.
El orden de las partes puede ser naturalis o artificialis. El ordo naturalis es el que respeta la propia naturaleza del discurso sin alteraciones intencionadas o el que sigue la tradición; el ordo artificialis, por el contrario, altera el orden habitual de las partes (por ejemplo, empezar una historia no por el principio sino en un momento ya avanzado de la misma, esto es, in medias res).
Elocutio
La elocutio afecta al modo de expresar verbalmente de manera adecuada los materiales de la inventio ordenados por la dispositio. En la actualidad, la elocutio es lo que se denomina estilo.
La elocutio se manifiesta a través de dos aspectos: las cualidades y los registros.
• Las cualidades elocutivas son tres: puritas, perspicuitas y ornatus.
La puritas es la corrección gramatical en la expresión lingüística, que busca, sobre todo, evitar el barbarismo o palabra incorrecta y el solecismo o construcción sintáctica errónea.
La perspicuitas es el grado de comprensibilidad del discurso, que se opone a la obscuritas.
El ornatus tiene por objeto embellecer el discurso con el uso de las distintas figuras literarias. Se trata del principal constituyente del ornatus pues en torno a él giran todos los elementos de la configuración estilística. Consta de dos formantes básicos: la elección de palabras (véase: tropos y figuras) y su combinación (compositio).
• Los registros de la elocución (genera elocutionis) son modalidades estilísticas que dependen de la combinación de las cualidades elocutivas. Se pueden identificar varios pero tradicionalmente se habla de tres modelos básicos:
El genus humile o estilo llano tiene por objeto la enseñanza; se caracteriza por la puritas y la perspicuitas, y un ornatus poco desarrollado.
El genus medium o estilo medio pretende deleitar; se caracteriza por una mayor presencia del ornatus que en el anterior.
El genus sublime o estilo elevado busca conmover y las cualidades elocutivas están presentes en grado máximo.
La compositio
La compositio analiza la estructura sintáctica y fónica de los enunciados, esto es, sus constituyentes y sus distintas posibilidades de distribución en el discurso. Así, se distinguen la compositio sintáctica (centrada en la oración y sus partes) y la compositio fonética (centrada en la combinación de palabras en la oración por razones fonéticas).
• La compositio sintáctica: se distinguen dos tipos de estilo: el estilo suelto o seguido y el estilo periódico o periodo.
La primera diferencia entre ambos es de tipo estructural y lógico-semántica: en el periodo existe una estructura periódica que presenta varias partes con autonomía argumentativa para cada una de ellas; en cambio, en el estilo suelto no existe esa estructuración, de forma que las ideas se suceden hasta llegar a la conclusión.
La segunda diferencia es de orden rítmico: en el periodo hay que tener en cuenta el numerus (el correlato en latín del metro en poesía, que se basaba en las cantidades vocálicas), mientras que en el estilo suelto esto es irrelevante.
Memoria
La memorización del discurso elaborado depende de dos tipos de memoria según los tratadistas clásicos: la memoria naturalis (la innata) y la memoria artificiosa, que implica una serie de procedimientos mnemotécnicos para facilitar el recuerdo.
Actio
También llamada pronuntiatio, se ocupa de la declamación del discurso, prestando atención a la modulación de la voz y de los gestos, que debe estar en consonancia con el contenido del mismo.
Los géneros oratorios
Existen tres géneros de discursos de oratoria: el genus iudiciale (género judicial), el genus deliberativum (género deliberativo o forense) y el genus demonstrativum (género demostrativo o epidíctico)
• El genus iudiciale es el que corresponde a las exposiciones realizadas ante un juez con el objetivo de acusar o defender, respecto de un asunto del pasado, una causa planteada en término de justicia frente a injusticia. Sus polos son acusación y defensa
• El genus deliberativum es el que corresponde a los discursos pronunciados ante una asamblea; el orador pretende aconsejar o disuadir en términos de utilidad. Frente a la género judicial, que se centra en acontecimientos pasados, el tema de los discurso deliberativos es cómo afrontar en el futuro un determinado asunto.
• El genus demonstrativum se centra en individuos particulares a los que se trata de alabar o denostar ante un público; se ocupa de hechos pasados y se dirige a un público que no tiene capacidad para influir sobre los hechos, sino tan solo de asentir o disentir sobre la manera de presentarlos que tiene el orador, alabándolos o vituperándolos. Está centrado en lo bello y en su contrario, lo feo. Sus polos son, pues, el encomio y el denuesto o vituperio.
Además de estos tres géneros, existen siete especies (εἲδη): la suasoria (προτρεπτικόν), disuasoria (ἀποτρεπτικόν), laudatoria (ἐγκωμιαστικόν), vituperadora (ψητικόν), acusatoria (κατηγορικόν), exculpatoria (ἀπολιγικόν) y la indagatoria (ἐξεταστικόν).3 Estas especies están presentes en los tres géneros. En el deliberativo, puesto que se busca convencer al auditoriο de una determinada tesis, las más frecuentes son la suasoria y la disuasoria.
En el judicial, en el que hay que defenderse de acusaciones o realizarlas, predominan las especies acusatorias y exculpatoria y en el epidíctico, que sirve para reforzar los valores de una comunidad, la laudatoria y la vituperadora. Aunque predοminen más en determinados discursos, las siete especies están en los tres géneros.
En un discurso deliberativo se puede utilizar la especie acusatoria y la vituperadora, por ejemplo, el político que propone una ley puede acusar a su rival de algo o hacerle un vituperio con el fin de desacreditarlo. De la misma manera, en el discurso judicial son frecuentes las especies vituperadora y laudatoria. Un caso muy conocido es el discurso de Ciceron Pro Archias Poeta en el que hay un extenso elogio de la poesía.
En la Edad Media se añadieron a los anteriores las llamadas artes: ars praedicandi (sobre la técnica de elaborar sermones), ars dictandi (o ars dictaminis, sobre el arte de escribir cartas) y las ars poetriae (preceptos gramaticales, métricos y retóricos para escribir poesía).
Historia de la retórica
La Atenas clásica
Fuentes para el estudio
Podemos conocer la retórica ateniense a través de los discursos que dejaron grandes oradores como Demóstenes, Lisias o Isócrates. Heródoto y Tucídides en su obras sobre historia, además de sucesos, también escribieron discursos pronunciados por personajes históricos como Alcibíades, Jerjes o Pericles.
Desde el punto de vista teórico las fuentes más importantes son la Retórica a Alejandro escrita por Anaxímenes de Lámpsaco y la Retórica de Aristóteles. La primera obra consiste en una serie de preceptos sobre como hablar elocuentemente. La segunda obra tiene un planteamiento más filosófico. Frente a la Retórica a Alejandro que es de carácter práctico, la Retórica de Aristóteles es de carácter teórico.
En la Atenas Clásica no existe una distinción clara entre la Retórica y la Filosofía. Por este motivo, hay que tener muy en cuenta esta última disciplina. La Tragedia y la Comedia, muy ligadas a lo político, son también importantes para conocer la retórica en la Atenas Clásica.
Orígenes
Los primeros maestros que se dedicaron a esta disciplina fueron de allí, Córax de Siracusa, primero en escribir un tratado sobre el tema, y su discípulo Tisias, que lo divulgó. Las figuras de estos dos primeros maestros de retórica son bastante oscuras. Ningún escrito de ellos ha llegado hasta nuestros días. Se conoce su existencia por menciones de rétores posteriores. Hay una teoría que defiende que Tisias y Córax eran una sola persona y no dos. Según esta teoría, el primer rétor de la antigüedad se llamaría Tisias, el Corax o dicho de otra forma, Tisias el cuervo. (κόραξ,κόρακος significaba en griego antiguo cuervo)4 Esa elocuencia vino a transformarse rápidamente en objeto de enseñanza y se transmitió al Ática por comerciantes que comunicaban Siracusa y Atenas.
Fundamentos filosóficos
La retórica demostró pronto su utilidad como instrumento político en el régimen democrático, siglo V a. C., divulgada por profesores conocidos como sofistas, entre los cuales los más conocidos fueron Protágoras de Abdera y Gorgias. Para estos maestros de retórica que fueron también filósofos, no existe una única verdad y con el lenguaje sólo se pueden expresar cosas verosímiles (τὸ εἰκός). Valoraban mucho el poder que tenía la palabra (λὀγος) que según Gorgias es un gran soberano que con un cuerpo muy pequeño e imperceptible realiza obras de naturaleza divina.
Esta filosofía fue muy criticada por Platón. Tanto para Platón como para su maestro Sócrates, la esencia de la filosofía reposaba en la dialéctica: la razón y la discusión conducen poco a poco al descubrimiento de importantes verdades. Platón pensaba que los sofistas no se interesaban por la verdad, sino solamente por la manera de convencer, así que rechazó la palabra escrita y buscó la interlocución personal, y el método fundamental del discurso pedagógico que adoptó fue el del diálogo entre maestro y alumno. Pero el gran maestro de la retórica griega fue Isócrates. Pensaba que la retórica era un plan de formación integral de la persona que servía para crear ciudadanos modélicos; con su sistema de enseñanza, precursor del Humanismo, pretendía la regeneración ética y política de la sociedad ateniense.
Aristóteles, por otra parte, sistematizó la mayor parte de estos conocimientos sobre el arte de hablar y argumentar en una obra que consagró al efecto, su Retórica. La gran aportación de la Retórica de Aristóteles es su enfoque filosófico. Los manuales anteriores de cuales el único ejemplar que se conserva es la Retórica a Alejandro, consistían en consejos prácticos sobre cómo persuadir. La Retórica de Aristóteles en cambio, realiza reflexiones teóricas sobre el lenguaje persuasivo.
Los géneros retóricos
Como Solón estableció que cada persona debía defenderse en persona ante un tribunal, llegaron a crearse los llamados logógrafos, unos artesanos que se dedicaban a confeccionar discursos para quienes no sabían hacerlos a cambio de estipendio: autores como Antifonte, Lisias, que destacó por su naturalidad y aticismo, Iseo, famoso por su habilidad en la argumentación, y el más famoso de todos ellos, Isócrates, fueron logógrafos. Éstos poseían también una preocupación estilística y procuraban que el estilo del discurso se ajustara a la personalidad y condición social de quien debía memorizarlo y pronunciarlo. También existía la figura del sunégoros (συνήγορος) cuya función era similar a la de un abogado. Demóstenes actuó como συνήγορος cuando pronunció su famoso discurso Sobre la Corona.
En los siglos V y IV a.C., el sistema político ateniense era la democracia radical que consistía en que todo ciudadano ateniense mayor de edad y varón podía exponer en la Asamblea (ἐκλεσία) sus puntos de vista sobre los asuntos de la polis. Para poder hablar en la Asamblea era necesario ser un orador excelente. Por este motivo se desarrolló en Atenas la retórica deliberativa.
El tercer género retórico que se desarrolló en Atenas fue el epidíctico que abarca los discursos que tienen lugar en ocasiones especiales, por ejemplo, en un funeral y cuyo principal objetivo es reforzar los valores de una comunidad. El discurso Epidíctico más importante de la Atenas Clásica es el Discurso Fúnebre de Pericles.
Roma
Ya en Roma, la retórica se perfeccionó sumamente por medio de las investigaciones y esfuerzos que consagraron a su estudio hombres de letras como Cicerón, que dedicó al tema una parte sustancial de su obra e hizo de la retórica el eje de sus preocupaciones, el anónimo autor de la Retorica ad Herennium o Marco Fabio Quintiliano, cuyos doce libros de Instituciones oratorias suponen la culminación de los estudios sobre la materia en el mundo romano.
La Edad Media
Durante la Edad Media, de los tres géneros oratorios, el judicial, el deliberativo y el epidíctico, entraron en decadencia el género deliberativo y el epidíctito, es decir, la oratoria política y la artística, ya que la militarización del imperio hacía inútil los conocimientos de la oratoria; sin embargo sus conocimientos fueron transvasados a la literatura en general, que se retorizó notablemente perdiendo bastante de su inspiración originaria y su frescura. Así lo vino a concluir el gran estudioso de la literatura medieval Ernst Robert Curtius en su Literatura europea y Edad Media latina, traducido al castellano en 1955.
Época contemporánea
La retórica contemporánea ha prescindido del discurso oral y, por tanto, de entre las cinco fases de elaboración del discurso (invención, disposición, elocución, memoria y acción) de las dos últimas de índole práctica, la memoria y la acción. Se considera actualmente que es útil para actores, abogados, psicólogos, políticos, publicitarios, escritores, vendedores y, en general, quienes quieren persuadir o convencer de algo.
Sin embargo, la retórica ha vivido un gran renacimiento en la segunda mitad del siglo XX como disciplina científica con el surgir de varias corrientes de pensamiento que han redescubierto su valor para distintas disciplinas; comenzó Heinrich Lausberg realizando una gran labor de clasificación de la disciplina con sus Elemente der literarischen Rhetorik, traducido como Elementos de retórica literaria en 1975; y su impagable Manual de retórica literaria, publicado en español entre 1966 y 1970 en tres volúmenes; Chaïm Perelman y Lucie Ollbrechts-Tyteca publicaron en 1958 un fundamental Tratado de la argumentación, traducido al castellano en 1994; la disciplina creada a raíz de este libro se denomina desde entonces Retórica de la argumentación o, a veces, Neorretórica; por otra parte, y al lado de esta llamada retórica de la argumentación, ha surgido una nueva neorretórica, la retórica contemporánea de las figuras, ilustrada por Roman Jakobson, el Grupo µ (o Grupo de Lieja), Lakoff y Johnson, etc. que permitió a la lingüística y a la semiótica desarrollarse en una orientación social y cognitivista.
La invención, sola o conjuntamente con la disposición, es a menudo llamada argumentación; la elocución se subdivide, como habían determinado ya los teóricos de la antigüedad, en un gran número de puntos de vista sobre el discurso a hacer (arte de la retórica) o sobre el discurso ya hecho (retórica como ciencia): sobre el vocabulario (registros de la lengua), sobre los ritmos y las sonoridades, sobre la forma y la estructura de las frases (sintaxis, parataxis, hipotaxis, tipo de progresión remática, período, estilo cromático, etc).
Bibliografía
• Aristóteles (1995). Retórica. 1ª edición, 4ª impresión. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-1423-3.
• Azaustre Galiana, Antonio & Casas Rigall, Juan (1994). Introducción al análisis retórico: tropos, figuras y sintaxis del estilo. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela-Lalia.
• Hernández Guerrero, José Antonio & García Tejera, María del Carmen (1994). Historia breve de la Retórica. Madrid: Síntesis.
• López Eire, A. (2002). Poéticas y Retóricas griegas. Madrid: Síntesis.
• De Wikipedia, la enciclopedia libre
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